Cultivar buenas relaciones con los medios es un proceso

Las relaciones públicas, como cualquier otra industria, siguen atravesando cambios radicales por efecto de la tecnología. Lo que hace apenas unos años era “estar en redes sociales” y “monitorear la conversación online” hoy se ha ampliado a un terreno mucho más complejo: la inteligencia artificial generativa se ha convertido en infraestructura de trabajo diaria para los equipos de comunicación, y el propio concepto de “audiencia” ya no se limita a personas: también incluye a los sistemas de IA que resumen, interpretan y recomiendan marcas.

Las redes sociales siguen siendo el terreno de juego

La inmediatez de las redes sociales sigue marcando el ritmo del trabajo en comunicación: las noticias se discuten desde el momento en que se publican y sus consecuencias se sienten de inmediato. Un mal servicio al cliente puede escalar a una crisis en cuestión de horas si un usuario se queja públicamente.

Lo que ha cambiado es la escala del fenómeno. En Perú, por ejemplo, a fines de 2025 había 28,3 millones de identidades de usuarios de redes sociales, equivalentes al 81,6% de la población, y prácticamente la totalidad de los internautas peruanos (99,5%) usa al menos una red social. Con una penetración así de alta, hoy la gran mayoría de las conversaciones sobre una marca en internet ocurren sin que la empresa participe directamente, lo que obliga a las organizaciones a monitorear de forma constante en lugar de reaccionar solo cuando algo ya se salió de control.

Los lanzamientos de productos se siguen midiendo por el “buzz” que generan en tiempo real, y el contenido generado por el usuario, reseñas, videos, publicaciones de influencers, continúa siendo uno de los activos más poderosos para posicionar una marca. A esto se suma un fenómeno relativamente nuevo: el deinfluencing, donde creadores de contenido advierten activamente a sus audiencias sobre productos o marcas, con un impacto reputacional que puede ser tan fuerte como el de una recomendación positiva.

La inteligencia artificial es una herramienta cotidiana

Si hace unos años la gran transformación era “pasarse a digital”, hoy la conversación gira en torno a la inteligencia artificial como infraestructura estratégica, no como un experimento aislado. Su integración en los procesos de comunicación es transversal: automatización de contenidos, analítica predictiva e hipersegmentación de audiencias son ya prácticas habituales en las agencias.

Esto no significa que la IA sustituya al profesional de relaciones públicas. Por el contrario, las agencias coinciden en que la inteligencia artificial se encarga cada vez más de las tareas mecánicas y repetitivas, como analizar menciones en redes o detectar señales tempranas de una crisis, liberando tiempo para lo que sigue siendo insustituiblemente humano: pensar estrategia, ser creativos y construir relaciones genuinas. El reto profesional ya no es solo incorporar la tecnología, sino usarla con criterio, combinando automatización con pensamiento estratégico y ética.

Entre las herramientas de IA que se han vuelto habituales en el día a día de los equipos de comunicación destacan las plataformas de monitoreo de medios que, además de rastrear menciones y sentimiento, ahora también etiquetan automáticamente el nivel de riesgo de una conversación y explican en lenguaje natural por qué se produjo un pico repentino de menciones, sin necesidad de un análisis manual exhaustivo.

Un nuevo público a conquistar: los motores de IA

Quizás el cambio más significativo de los últimos meses es que cada vez más personas les preguntan directamente a asistentes de IA en lugar de buscar en un motor de búsqueda tradicional. Esto ha abierto una pregunta estratégica que antes no existía: ¿qué está “leyendo” la inteligencia artificial sobre una marca? La reputación ya no se construye únicamente frente a audiencias humanas, sino también frente a sistemas que interpretan y resumen información para luego recomendar (o no) una marca a partir de las fuentes que consideran confiables.

Esto ha dado origen a una nueva disciplina dentro de las relaciones públicas: la optimización para motores de búsqueda basados en IA, que exige a los equipos de comunicación pensar no solo en periodistas y audiencias, sino también en cómo los algoritmos generativos interpretan y citan el contenido corporativo.

Gestión de crisis: la narrativa se define en tiempo real

La gestión de crisis en redes sociales sigue siendo un componente central de las relaciones públicas modernas, pero el margen de reacción se ha reducido aún más. Es clave distinguir entre una crítica aislada, una queja puntual de un cliente insatisfecho y una crisis reputacional real, que amenaza de forma estructural los valores, la viabilidad financiera o la integridad de la organización a gran escala.

Entre los principales detonantes de crisis reputacionales actuales destacan la falta de transparencia (por ejemplo, cobros o condiciones ocultas que los propios clientes exponen públicamente), declaraciones desafortunadas de directivos o embajadores de marca, brechas de ciberseguridad y una creciente intolerancia del público hacia prácticas empresariales que se perciben como incoherentes con el discurso público de la compañía.

La recomendación de los especialistas se mantiene: contar con mensajes preaprobados, un protocolo claro para las primeras horas, el momento en que se forma la percepción pública y un portavoz entrenado para comunicar con transparencia y empatía. La confianza del consumidor tiene, además, un valor económico concreto: los estudios muestran que los consumidores están dispuestos a pagar considerablemente más por marcas en las que confían, mientras que una parte importante de ellos deja de comprarle a una marca después de una mala experiencia gestionada en redes sociales.

A diferencia de una nota de prensa tradicional, que llega filtrada por los comentarios de los reporteros, las redes sociales permiten a una organización comunicarse de forma directa y controlar mejor su narrativa durante una crisis. Pero esa misma inmediatez es un arma de doble filo: el público analiza cada movimiento de una marca en crisis, y si la respuesta no se percibe como genuina, el desgaste reputacional puede ser inmediato y severo.

La reputación online como activo estratégico y directivo

La reputación en línea ha ganado un peso decisivo: en muchos casos, es la única reputación que realmente importa para un cliente potencial. Se construye tanto con el contenido propio de la marca, sitio web, redes sociales, como con lo que otros dicen de ella: reseñas, blogs, contenido generado por creadores.

Gestionar esa reputación hoy exige más que creatividad o presencia en redes: requiere análisis del entorno, pensamiento estratégico, protocolos de crisis y coherencia entre lo que ocurre puertas adentro de la organización y lo que se comunica hacia afuera. La experiencia interna de los propios colaboradores, cómo se sienten tratados, qué cuentan de la empresa, influye directamente en la percepción pública, porque las malas prácticas laborales tienden a visibilizarse tarde o temprano. Por eso la gestión de la reputación ha dejado de ser una función puramente operativa para convertirse en una decisión de nivel directivo.

Comunicación interna: el otro frente de las relaciones públicas

Cuando se trata de involucrar a los empleados y otros públicos internos, las herramientas modernas de comunicación interna siguen ofreciendo enfoques efectivos para que la información llegue a las personas correctas en el momento oportuno. Estas plataformas han mejorado la productividad al facilitar la colaboración, simplificar las estructuras de reporte y hacer más sencillo el seguimiento del progreso de los proyectos, lo que a su vez permite resolver conflictos internos antes de que escalen.

El liderazgo de opinión ya no se mide por la frecuencia, sino por el valor

En un ecosistema saturado de opiniones y contenido generado también por IA, destacar exige un nivel de aportación más alto que antes. El liderazgo de opinión no se construye publicando con frecuencia, sino aportando conocimiento que nadie más tiene: datos propios, análisis originales, marcos de trabajo novedosos. En paralelo, crece la combinación entre medios masivos, que aportan credibilidad y alcance, y canales de nicho como podcasts y newsletters especializadas, que permiten una conexión más cercana con audiencias específicas.

En resumen

La tecnología ha vuelto la vida del profesional de relaciones públicas más rápida, más medible y, en muchos sentidos, más exigente. La inteligencia artificial ya no es un complemento opcional: es parte de la infraestructura diaria del trabajo de comunicación, tanto para producir y analizar contenido como para posicionar a una marca frente a los propios sistemas de IA que hoy influyen en las decisiones de consumo. Como con cualquier herramienta, el resultado depende de qué tan bien se use: la diferencia competitiva ya no está en tener acceso a la tecnología, sino en combinarla con criterio humano, pensamiento estratégico y autenticidad.

Fuente: Arial Comunicaciones

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